viernes, 8 de agosto de 2014

Arco de Cuchilleros. Leyenda de Luis Candelas (Madrid)


"Al llegar a la esquina de la Cava de S. Miguel vio al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros..."

Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós

 

Arco de Cuchilleros. Madrid

 

Arco de Cuchilleros (Madrid). Leyenda de Luis Candelas.




El Arco de Cuchilleros es el más famoso de los diez que tiene la Plaza Mayor de Madrid. Se levantó para salvar el desnivel entre la plaza y la calle Cava de S. Miguel, a la que da salida, y tomó este nombre porque en las casas adyacentes a este arco eran donde antiguamente se encontraban los talleres del gremio de cuchilleros de Madrid.

El Arco de Cuchilleros guarda interesantes leyendas e historias de la Villa de Madrid, a parte de ser uno de los escenarios de la novela Fortunata y Jacinta del escritor Benito Pérez Galdós (en las escaleras de este arco sitúa Galdós la vivienda de Fortunata).
El arco de Cuchilleros fue testigo de un suceso de gran relevancia en la Historia de Madrid y de España, pues desde la barandilla metálica con forma de púlpito de la entrada al Arco de Cuchilleros, el fraile del Convento de S. Gil dio un discurso animando y motivando a los madrileños a sublevarse contra las tropas Napoleónicas. En este punto de la capital germinó la revolución y los levantamientos que dieron lugar a la Guerra de la Independencia.




Leyenda Luis Candelas


Entre estas historias destaca la novelesca vida del bandolero Luis Candelas.  Cuentan que en el siglo XIX  Madrid tuvo un personaje al estilo del Robin Hood anglosajón, que quitaba el dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Este personaje era Luis Candelas, un bandolero nacido en Lavapiés, que si bien venía de una familia que pudo darle hasta estudios, prefirió una vida más arriesgada que le permitía no trabajar y vivir como él quería: entre mujeres (de todos los status) y de taberna en taberna.

Luis Candelas era un ladrón muy elegante que utilizaba su ingenio para cometer sus delitos, nunca utilizaba la violencia. Como era un joven muy galán y seductor, sus víctimas solían ser  mujeres pudientes a las que encandilaba hasta que tomaban confianza y le metían en su alcoba, entonces, aprovechando un descuido o el sueño de la dama, les robaba las joyas, dinero, objetos de oro, plata... Y siempre con las premisa moral de "robar a los ricos para ayudar a los pobres".

Del destino del botín hay dos versiones: por un lado los que dicen que lo repartía con la gente más humilde y necesitada de Madrid, y por otro, los que cuentan que lo sustraído a las damas ricas lo gastaba con las "damas" más pobres de la época (las prostitutas) y en las tabernas madrileñas.

Era muy difícil apresar a Luis Candelas, pues cuando se veía en peligro se escondía en las cuevas del Arco de Cuchilleros y escapaba por los pasadizos subterráneos del centro de Madrid. En las ocasiones que fue detenido, siempre logró fugarse de la cárcel, gracias a sus amistades o incluso sobornando a los carceleros. Al final lograron arrestarle y su ejecución (a pesar de no haber cometido ningún delito de sangre) tuvo lugar cerca de la Puerta de Toledo en 1837  despidiéndose de la vida con su célebre frase: "Adiós patria mía, sé feliz".

Las cuevas en las que se escondía Luis Candelas se encuentran en el Arco de Cuchilleros, en lo que hoy es el restaurante "Las Cuevas de Luis Candelas".












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