martes, 7 de junio de 2016

Patios de Toledo



"Silencio. Sólo queda
un olor de jazmín,
Lo único igual a entonces,
a tantas veces luego...
Sinfín de tanto fin"

Patio Primero. Juan Ramón Jiménez




Los patios de Toledo


La ciudad monumental  se viste por unos días con sus mejores galas: mantones, tapices, plantas, flores... realzan su encanto y nos ofrece una ciudad colorida y alegre por el día, para con un extra de iluminación en formas de candelas, antorchas y farolillos aparezca misteriosa y seductora por la noche.

Toledo se engalana para celebrar por todo lo alto la festividad del Corpus Christi; ceremonias religiosas se intercalan con  actividades culturales donde la música de diferentes estilos invaden plazas y rincones.












 



Y es en estas fechas, sólo una vez al año, cuando Toledo nos muestra el tesoro que guardan sus antiguas viviendas; como en la cueva de Alí-Babá se abren las puertas de los patios y en el enmarañado de calles sombrías y estrechas aparecen auténticos vergeles, con sus aljibes, fuentes, balaustradas, plantas y flores. Patios que guarda reminiscencias de su mestizaje cultural cuando para judíos y musulmanes los patios y jardines debían simular el paraíso o edén donde terminarían sus almas. Y paraísos siguen pareciendo, pues a pesar de los siglos y las reformas conservan la esencia de lo que un día fueron.

Generalmente, nos vamos a encontrar los patios toledanos en viviendas de fachadas sencillas y sobrias. Ya en el interior, el primer habitáculo es el zaguán (algunos más interesantes que los propios patios, con bellos artesonados) que cuenta con unas escaleras para acceder al patio central desde el que se distribuyen las habitaciones (cuando todo el edificio es una sola propiedad), o las viviendas (cuando se trata de un patio de vecinos).

Son una treintena de patios los que por unos días nos permiten descubrir un Toledo más familiar e íntimo. Hay que llegar a estos espacios con ojos de espectador curioso para encontrar detalles mudéjares, barrocos, neoclásicos... hasta vanguardistas que se mezclan creando patios singulares y únicos, cada uno con su personalidad y encanto. Pero también forma parte del diseño el borboteo de una fuente, el dulce aroma a jazmín o los juegos de luces del sol entrando por los lucernarios.





























































 



 







Para encontrar el origen de los patios toledanos hay que remontarse hasta antiguas civilizaciones que se asentaron en este meandro del Tajo y recordar como los romanos distribuían las habitaciones en torno a un patio central. Si bien, podrían considerarse un legado dejado por las diferentes culturas que durante siglos convivieron en Toledo, especialmente la cultura islámica que convirtieron los patios en el espacio más importante de sus hogares.

El patio se proyectó como solución arquitectónica para iluminar de forma natural el interior de las viviendas, pues las calles tan estrechas de Toledo dificultan la entrada de la luz del sol. También para aliviar de las altas temperaturas estivales, ya que se mantienen unos grados por debajo de la temperatura exterior convirtiéndose en pequeños oasis.

Muchas gracias a los propietarios de los patios de Toledo por permitirnos alterar el sosiego de esos pequeños paraísos que forman parte de su hogar.









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